sábado, 20 de mayo de 2017

panegírico

Cuando murió Amy Whinehouse me importó un capullo. Cuando murió Michael Jackson me sorprendió. Cuando murió Lemmy Kilmister busqué "Ace of spades" como siete veces seguidas en youtube. Pero la muerte de Chris Cornell, como era de esperar, sí me ha tenido un par de días dándole vueltas a la cabeza. Entre otras cosas, es la primera persona a la que sigo en twitter que muere: siempre pensé que el primero sería @trecet.

Como a todo el mundo, me gustó "Black hole sun", pero en realidad no descubrí a Soundgarden hasta varios años después. Fue uno de estos cd's de mp3 de música variada que llegó a mí a través de un amigo, y que tenía muy buenos temas. Y la canción que me atrapó de aquel cd fue "Outshined". Después me bajé toda la discografía de Soundgarden en el kazaa (qué tiempos), después leí libros sobre ellos, etc. Cuando tenía 27 años, tenía un trabajo que odiaba, pero en el que podía escuchar música durante gran parte de la mañana. Escuchaba furiosamente la discografía de Soundgarden entre otros (Green day, PJ Harvey, Rage against the Machine o Nina Persson). No sé si era más depresivo mi trabajo o toda aquella música. Pero lo que es seguro es que me marcaron.

El primer disco de Soundgarden, "Ultraomega OK", tiene menos calidad a nivel de producción que la mayoría de discos de "A la púa". El último de los anteriores a su disolución, "Down on the upside", es de primer nivel. Lo que hay entre uno y otro es historia de la música popular. En los años 90 la ciudad de Seattle fue punta de lanza de la vanguardia musical mundial. El grupo que triunfó fue Nirvana, pero nunca se integraron en el movimiento cultural de su ciudad. Los grupos que lideraron aquella vanguardia, participando de la vida pública, acompañando a otros grupos, llegando a aparecer en películas o incluso interviniendo en coloquios, los que entendieron la música como parte de la cultura desde un punto de vista amplio, fueron Pearl Jam y Soundgarden. El momento cumbre lo conoceréis muchos: cuando estas dos bandas se unieron para homenajear a otro músico muerto por sobredosis, formando el efímero grupo "Temple of the dog".

Soundgarden se disolvió en el 97 por conflicto de egos, y Chris Cornell probó uno o dos discos en solitario: si tenéis oportunidad de oírlos, dejadla pasar, son muy flojos. Pero Cornell siempre conservó su prestigio como vocalista, hasta que llegó el año 2002 y su renacer con Audioslave. Aquello no tenía sentido: los tíos de Rage against the machine con Chris Cornell; un grupo que destacaba por su compromiso político con un cantante que, aunque en sus opiniones también lo tenía, en lo musical siempre fue intimista.

Pero fue un bombazo. Cornell hacía las letras, intimistas, y Morello ponía los solos de guitarra. Las cacofonías de Rage against the machine quedaron atrás, las guitarras estaban ahora al servicio del amplio registro de Cornell, que ya no era el de antes, pero que ahora dominaba a la perfección. Hicieron tres discos que quedaron para la historia hasta que los egos de nuevo rompieron el grupo.

Cornell hizo poco más que merezca la pena destacar, aunque siempre siguió tocando. Hace unos años hizo el tema principal de una película de James Bond, "You know my name", que le mostró de nuevo el respeto que le tenía la crítica y le dio algún récord, porque hacía la tira de años que la voz de una peli de Bond no era masculina. A partir de ahí, reuniones con Soundgarden y Audioslave, y poco más, salvo sus conciertos. Nunca dejó de darlos.

Chris Cornell se suicidó el pasado jueves. El día de antes había dado un concierto con Soundgarden, que había publicitado en twitter. Una semana antes había sido el día de la madre y había felicitado en twitter a su esposa. En su cuenta de twitter, bastante convencional, había elogios a su familia, promoción de sus conciertos, algún retuit en contra de Trump y algún agradecimiento a algún fan, poco más. Nada que hiciera pensar que estuviera pensando en quitarse la vida. Tenía dos hijos de once y doce años. Tenía el reconocimiento de la crítica y de millones de fans desde hace décadas. Que yo sepa no hay nota de suicidio. Una pena no saber qué pudo pasarle, haber podido ayudar de alguna manera.



viernes, 20 de enero de 2017

libertad de expresión

Lo de ayer no me lo esperaba. El cantante de Def Con Dos, condenado por el tribunal supremo a un año de prisión.

No sé si seguíais el caso, porque viene de lejos. Tras ser juzgado y absuelto con anterioridad, la fiscalía recurrió, y ayer el supremo no ha ordenado repetir el juicio ni algo por estilo, directamente ha establecido una condena de un año a un cantante de un grupo satírico por haber escrito seis tuits.

Tenía pensado escribir una entrada sobre este tema. Pensaba que la sentencia sería nuevamente a favor de la libertad de expresión, como ocurrió con los pobres titiriteros o con el concejal Zapata. Y aún así quería contar que perdíamos todos, porque gente como Zapata se libra porque son políticos y tienen a su servicio caros abogados que les permiten defenderse, pero para cualquiera de nosotros sería imposible. Si digo una chorrada en un tuit y me llevan a juicio por ello ya me han jodido, incluso aunque al final me absuelvan: en mi vida corriente y atropellada no puedo ni plantearme el ponerme a buscar abogados ni asistir a juicios. A una persona normal la harían polvo sólo con la acusación formal.

Leed los tuits de Strawberry. Es evidente que lo que el cantante quería hacer no son más que chistes o gracietas, como otros millones en twitter, de sesgo similar y del opuesto. No eran amenazas, ni insultos, ni vejaciones, que tantas veces quedan impunes injustamente. Es normal que molesten a cierto sector. Sacados de contexto, se puede entender que puedan resultar ofensivos para cierta gente. Hilando muy fino, se podría admitir incluso que le cayera una multa al autor. Pero lo del año de prisión nos lleva a otros países o a otras épocas.

En twitter sigo a un usuario llamado Arezno. Es un personaje muy cabrón y muy ácido, le llegaron a cerrar la cuenta un tiempo porque había un tío que se metió un poco con él, y como respuesta se le ocurrió publicar la foto de este tío diciendo que era el pederasta de Ciudad Lineal. Era evidentemente absurdo, porque la foto del auténtico pederasta estaba en todos los periódicos, pero da una idea del sentido del humor de Arezno. Como otros, hace algunos años se dedicaba continuamente a escribir bromas sobre Carrero Blanco, puesto que hubo un tiempo en el que parecía que este país había pasado página y no pasaba nada por hacer gracietas sobre el hombre que estaba llamado a perpetuar la dictadura y cuya muerte fue decisiva para la llegada de la democracia. Cuando hace un tiempo resultó que no y empezaron a llevar a la gente a juicio por hacer chistes que decían "volando alto", Arezno empezó a tuitear "traedme tabaco a la cárcel". Hoy estoy a punto de dejar de seguirlo porque básicamente apenas tiene ya gracia. Se nota que piensa dos veces cada palabra que escribe. Describe muy bien cómo este país se transforma en en un lugar gris, atemorizado y sumiso.

Como decía otro tuitero al que sigo (y que ahora no puedo encontrar): libertad de expresión es poder contar chistes sin tener miedo.